En junio de 1996, el Teatro Municipal de Olavarría fue escenario del estreno de Catriel, la otra historia, una cantata creada por más de 25 artistas locales que abordaba la figura del cacique pampa Cipriano Catriel desde una mirada crítica y compleja. El espectáculo, auspiciado por el diario El Popular en su 97º aniversario, colmó la sala y se convirtió en un hito cultural en la ciudad.

Al día de hoy, y luego del cierre del diario «El Popular» y el Canal 5 local, no es posible encontrar información acerca de esta obra artística. Han fallecido varios de sus partícipes y creadores, no están disponibles grabaciones ni imágenes. Solamente quedan algunos breves textos dispersos en las redes, y a partir de ellos quizás sea posible reconstruir esta historia antes que sea completamente olvidada.

La cantata estaba integrada por once poemas y relatos que narraban el nacimiento, vida y muerte de Catriel, también conocido como Mari Nancul («Diez Águilas»). Su historia era presentada desde la tensión de ser «odiado por el indio, mal querido por el blanco», al aliarse con el ejército nacional y participar en batallas como la de San Carlos, en 1872 con la derrota de Calfucurá. El texto proponía un acercamiento humano al personaje, rescatando su legado más allá de la figura de héroe o traidor. La obra iniciaba con un recitado «Nacimiento de Cipriano», e integraba canciones como: «De su juventud», «Metele Catriel que es Polka», «Malón», «Pasaron y mataron», «Muerte de Calfucurá» y «Muerte de Cipriano» entre otras, para finalizar con un tema que establecía: «Cipriano no ha muerto».
Recordemos que los grupos indígenas pampeanos no eran «simples» ni aislados, sino que desarrollaron actividades económicas diversas, una organización social estratificada y cacicazgos complejos, como la Confederación liderada por Calfucurá.
La autoría de la letra fue de Abel Campusano, entonces sacerdote, y la música de Daniel Godoy. La interpretación estuvo a cargo de agrupaciones y solistas locales como Instrumental Huella Pampa, el Quinteto del Quenuma, Claudia Cortés, Carlos Orlando, Betty Castro y la dirección escénica de María Teresa Caldironi y Facundo Andrich. La obra fue pensada como una herramienta para recuperar aspectos invisibilizados de la historia regional y fortalecer la identidad cultural bonaerense.

Los textos de la cantata describen su nacimiento y su rol como «lucero» para su tribu, y narran su muerte por traición de sus propios hermanos, enfatizando que su conflicto «no es guerra de blancos». Además, se postula que «Cipriano Catriel no ha muerto», sino que sigue vivo en la memoria de su gente y en el territorio, no como un héroe o tirano, sino como un ser humano.
Dos años antes, en 1994, una muestra realizada en el Museo Dámaso Arce había abierto el camino con una mirada antropológica sobre Catriel. Organizada durante el IV Congreso Argentino de Antropología Social, la exposición incluyó testimonios de descendientes de Marcelina Catriel y buscó desmontar estereotipos sobre los pueblos originarios.

Tanto la muestra como la cantata coincidieron en presentar a Catriel como un “hombre entre dos mundos” y en visibilizar el vínculo entre las culturas indígenas y la blanca durante los siglos XVIII y XIX. Este abordaje buscaba contrarrestar las imágenes de «bárbaros, ignorantes y salvajes» que justificaron el exterminio en la «Conquista del desierto».

En octubre del mismo año del estreno, la Cámara de Diputados bonaerense declaró la cantata de interés legislativo, impulsada por el diputado olavarriense Juan Manuel García Blanco. El reconocimiento destacaba el valor del proyecto cultural y su aporte a la memoria colectiva.
En su presentación, el legislador exponía: «Un grupo de alrededor de 25 artistas olavarrienses -poetas, músicos, compositores, cantantes, plásticos y escritores- realizó en esa ciudad la cantata «Catriel, la otra historia» destinada a recordar un aspecto del pasado de la región que, más allá de la opinión que merezca la controvertida figura de Cipriano Catriel, tiende a rescatar una época en la que se estaba produciendo la consolidación nacional.

Once poemas unidos por relatos describen el nacimiento, vida y muerte del cacique pampa en forma descriptiva, sin emisión de opiniones respecto de este hombre cuyo protagonismo en el centro de la Provincia es innegable, independientemente de cualquier juicio de valor. Conocer y difundir esa historia es necesario como parte de la tarea de fortalecimiento de la desvaída identidad cultural bonaerense en la cual estamos todos comprometidos.
Los fundamentos de la obra subrayaban la necesidad de conocer y difundir esta historia como parte del fortalecimiento de la identidad cultural bonaerense. Posteriormente se propuso que el apoyo legislativo permitiera llevar el espectáculo a otras localidades e incluso fuera del territorio provincial, con el fin de difundir un aspecto del pasado poco explorado.

La cantata y otras iniciativas culturales, como la exposición de 1994, propusieron una lectura profunda y matizada de la figura de Cipriano Catriel, alejándose de los estereotipos simplificadores. Presentado como un «hombre entre dos mundos», el cacique se vuelve una clave interpretativa para comprender la compleja dinámica de la frontera en la pampa bonaerense, especialmente en el centro de la provincia, donde se libraron batallas cruciales como las de Sierra Chica, Azul, Tapalqué y Olavarría. Los tres partidos se involucran en la convivencia con el blanco en los asentamientos sobre arroyo Nievas y antes entre Tapalque y Azul.
La obra describe su nacimiento y lo presenta como un “lucero” para su comunidad, para luego narrar su trágica muerte a manos de sus propios hermanos, subrayando que su historia no es una simple «guerra de blancos», sino un drama más profundo, atravesado por tensiones culturales y traiciones internas. “Cipriano Catriel no ha muerto”, se afirma en uno de los pasajes, sino que vive en la memoria y en el territorio, no como héroe o villano, sino como figura humana atravesada por su tiempo.

La exposición que precedió a la cantata fue organizada por la Asociación Amigos del Museo Dámaso Arce en conjunto con la Facultad de Ciencias Sociales de la UNICEN, y tejía vínculos también con el Museo D. Catriel de Azul, reforzando una red de memoria regional en torno a una figura central de la historia pampeana.

En 2019, el Foro Olavarría, a través del proyecto impulsado por el Concejal Eduardo Rodríguez propuso nombrar “Esquina Hermanos Néstor y Daniel Godoy” a la intersección de Vicente López y Sargento Cabral, dado que allí funcionó durante años la tradicional Imprenta Godoy, local que fue lugar de encuentro y ensayo de los hermanos con el grupo Instrumental Huella Pampa, y en homenaje a los músicos olavarrienses por entonces ya fallecidos. Entre los considerandos del pedido constaba que: «… entre las composiciones de Daniel Godoy resalta la música de la cantata “Cipriano Catriel”, estrenada en el Teatro Municipal de nuestra ciudad«, de modo que postulaba entre sus aportes a la cultura local la creación que hoy rescatamos. La propuesta fue aprobada por unanimidad en la sesión del 27 de junio de 2019.
Sin embargo, hoy la obra apenas sobrevive en algunos textos dispersos en redes sociales. Su rescate aparece como un acto necesario para evitar que esta experiencia artística, nacida del esfuerzo colectivo, se pierda definitivamente.
Nota realizada con reporteo humano, la colaboración de Gustavo Monforte y asistencia de IA


