El Anfiteatro Martín Fierro de Tandil volvió a latir este fin de semana con la llegada de El Plan de la Mariposa, que reunió a cientos de seguidores llegados de toda la región en una noche que combinó música, energías y un clima que acompañó desde el primer acorde. Nota de Celeste Carriego desde Tandil.
Con una formación de siete músicos, cinco de ellos hermanos, el Plan de la Mariposa presentó su propuesta de Rock Libre en la ciudad serrana. Originarios de Necochea y actualmente radicados en Buenos Aires, sostienen un sonido que combina rock con elementos de funk, psicodelia, música celta y ritmos latinos.
La base de guitarra, bajo y batería se articula con violín, acordeón y sintetizadores, que aportan profundidad y variaciones de clima. Las letras mantienen un registro introspectivo y en movimiento, con referencias urbanas y cierto componente místico. El conjunto refleja una búsqueda amplia que integra música y palabra en un mismo recorrido.

Desde temprano, el público fue ocupando las gradas de piedra hasta conformar una concurrencia numerosa que acompañó a la banda a lo largo de todo su recorrido musical. Cuando las luces bajaron, quedó claro que la banda y la ciudad estaban listas para encontrarse. Al comenzar, Sebastián Andersen, líder y voz del grupo, dio la bienvenida con una frase que resumió el espíritu del encuentro “Una noche espectacular”.
El Plan desplegó un repertorio que viajó por sus distintos discos, combinando la fuerza de sus temas más intensos con momentos de intimidad que hicieron cantar al público. Hubo saltos, abrazos, teléfonos en alto y esa vibración colectiva que distingue a los recitales de la banda en una respuesta permanente que acompaño cada momento del concierto.

Entre canción y canción, el paisaje serrano se volvió otro protagonista. Todo contribuyó a que la noche se consolidara como un encuentro perfecto.
El cierre llegó con algo que caracteriza a la banda: el espacio esencial que siempre reserva para el agradecimiento, un gesto profundo que se renueva como un ritual en cada encuentro. Como había anticipado Andersen, realmente: «una noche espectacular»


