En junio de 1973, militantes de la Juventud Peronista y sectores sindicales ocuparon LU 32 Radio Olavarría, desplazaron a sus autoridades y la rebautizaron como “Radio Mártires de la Liberación Nacional”. Días después, otro sector del mismo movimiento los desalojó por la fuerza. El episodio condensó en nuestra ciudad, la fractura que atravesaba al peronismo, y por ende todo el campo popular, días antes del regreso definitivo de Perón.
En junio de 1973, hace más de cincuenta años, la emisora LU 32 de Olavarría fue ocupada por militantes peronistas que la rebautizaron “Radio Mártires de la Liberación Nacional”. Días después, otro sector del mismo movimiento los desalojó a punta de pistola. El episodio, ocurrido en una ciudad media del interior bonaerense, condensó la fractura que atravesaba al peronismo días antes del regreso definitivo de Perón y anticipó la espiral de violencia que marcaría la década.
Para quienes no vivieron aquellos días, 1973 es una fecha más en el calendario. Pero en la Argentina de entonces, cada semana alteraba el equilibrio político. Después de dieciocho años de proscripción, el peronismo había vuelto al poder con la asunción de Héctor J. Cámpora el 25 de mayo. El líder histórico, Juan Domingo Perón, aún estaba en Madrid y su regreso definitivo era inminente. En ese intervalo breve —apenas cuarenta y nueve días— se abrió una disputa interna feroz por la conducción del movimiento.

A su izquierda Emilio Solari, quien fue designado director posteriormente.
Se ve también a Javier Vitale y Pedro Mendioroz, integrantes de la toma acompañados del escribano Daniel Garcia, que tuvo a su cargo la redacción del acta.
(foto de prensa restaurada con IA)
El peronismo no era un bloque homogéneo. Convivían en su interior una corriente juvenil y sindical que se asumía “revolucionaria” y aspiraba a profundizar transformaciones sociales, y otra línea, llamada “ortodoxa”, que reivindicaba la verticalidad, el orden y la autoridad tradicional del movimiento. Esa tensión, que en los discursos se expresaba como debate ideológico, en los hechos se tradujo en ocupaciones, desplazamientos y, cada vez con mayor frecuencia, enfrentamientos armados.
En ese contexto, los medios de comunicación adquirieron un valor estratégico. Controlar una radio significaba controlar la agenda, fijar posiciones, legitimar autoridades. A nivel nacional, cerca del diez por ciento de las instituciones tomadas en aquellos días eran medios. Pocos días después también fue ocupada la emisora LU10 Radio Azul de la localidad vecina. No se trataba sólo de edificios, en los medios se disputaba la palabra pública.
En Olavarría el clima no era distinto. El Partido Justicialista local estaba dividido y la CGT tenía al menos dos líneas en pugna. En enero de 1973 ya se había producido la ocupación del local partidario por parte de la Juventud Peronista y sectores disidentes. La fractura era visible.

(foto de prensa restaurada con IA)
La noche del 8 de junio de 1973, esa tensión se trasladó al por entonces único medio electrónico de la ciudad: LU 32 Radio Olavarría. Un grupo de militantes de la Juventud Peronista, acompañado por representantes de las 62 Organizaciones y una fracción sindical, ingresó a la emisora y asumió el control de las transmisiones. El director Luis Lischinsky, fue desplazado. La radio cambió de nombre al aire: pasó a llamarse “Radio Mártires de la Liberación Nacional”.
Enseguida de ocurrida la ocupación de la emisora, se hizo presente en la misma Albano Luayza, secretario gremial de los periodistas, quien se interiorizó sobre la situación en que quedaba el personal de la casa, a quien se le brindaron seguridades de una total normalidad en cuanto al desempeño de los periodistas.
Posteriormente, difundió un comunicado que expresaba: «Ante la circunstancia creada en LU 32 Radio Olavarría, con motivo de haber sido tomada la emisora, de acuerdo con las proclamas irradiadas, en mi carácter de Secretario Gremial de la Asociación Periodistas de Olavarría de me hice presente en la misma con el objeto de interiorizarme sobre la situación del personal de periodistas que prestan servicios en ella.«
La Juventud Peronista en conjunto con la CGT emitió diversas comunicaciones, la primera de las tres iniciales exponían las circunstancias y razones de la toma, que aclaraban había sido pacífica mencionando el cambio de nombre. En lo trascendental declaraban: «LU32 puso de manifiesto desde su nacimiento hasta la fecha una postura de apoyo a la camarilla militar y una acentuación de la dependencia cultural, lo que se aprecia en los programas que esalen al aire, todos productos de la colonización extranjera.»
«LU 32 ha demostrado ser una emisora al servicio de la oligarquía cipaya y entreguista de los valores nacionales. La Juventud Peronista ha tomado esta emisora para que ella deje de estar al servicio de la oligarquía y pase a ser un instrumento de liberación en manos del pueblo, en un hondo sentido nacional y humanista«. Se difundieron comunicados políticos y marchas partidarias. El gesto era claro: el medio debía estar “al servicio del pueblo”.
La ocupación fue encabezada por referentes de la Tendencia Revolucionaria en la ciudad: Omar Dinelli, Mirta Belusky, Néstor Lafitte, Mario Gubitosi. Para dar un marco formal a la toma designaron como director interino a Renato Sabattini, empleado administrativo e integrante de la minoría del Consejo del Partido Justicialista. Sabattini asumió la conducción de las transmisiones. El acto se reivindicaba situandolo en el aniversario de la masacre de José León Suarez que refiriera Rodolfo Walsh en su investigación liminar.
La acción tuvo diversas adhesiones: La UES manifestaba: «La U. E. S. se solidariza con la actitud tomada por la J. P., demostrando asi, están llevando a cabo la auténtica lucha del pueblo. Durante 18 años los medios de difusión al servicio de la oligarquía han permitido la penetración cultural imperialista. Hoy, apoyados por un gobierno popular decimos basta a la colonización cultural que ha penetrado en los establecimientos de enseñanza secundaria, y nos comprometemos a luchar por una verdadera cultura que interprete el sentir nacional, para rescatar el verdadero ser nacional. U.E.S., Escuela Nacional de Comercio. Turno noche«.

por obreros de la empresa Tenenasoff a cargo de la obra.
(foto de prensa restaurada con IA)
Por su parte las 62 organizaciones cifraban al final de un extenso comunicado: «Las 62 Organizaciones Peronistas de Olavarría, consustanciadas con los postulados de la doctrina justicialista, no puede permanecer indiferente, ante este hecho que enaltece a clase trabajadora y la declara fervientemente que el premio de empleados y obreros municipales retome el camino y la senda que él inspiró hasta el año 1955 el recordado compañero y amigo Antonio González. Por Perón y por Evita. ¡Viva la Patria!».
En el ámbito universitario, el C. E. U. D. O. en su comunicado refería que: «se adhiere a la toma de LU-32 Radio Olavarría hoy «Mártires de la Liberación Nacional» conscientes del hondo contenido popular y revolucionario este acto«.
Y finalmente la C. G. T. «El secretariado de la Delegación Regional de la C.G.T. de Olavarría, plenamente dentificado con el acto de ocupación de LU-32 Radio Olavarría desde hoy «Mártires de la Liberación Nacional», hace pública su total adhesión e insta al pueblo trabajador olavarriense para mantenerse unidos y firmes en la atención del camino de reconstrucción nacional que orienta nuestro lider indiscutido el general Juan Domingo Perón, a través del bierno popular del compañero Cámpora. En igual sentido exhorta a los companercs municipales a continuar la lucha sin cladicaciones por recuperación de su organización sindical a cuyos fines declara su firme solidaridad«.

(foto de prensa restaurada con IA)
Para entender el alcance de ese acto debemos recordar que en 1973 la radio era el medio más inmediato y extendido. No existían redes sociales ni canales de noticias 24 horas. Una emisora local tenía capacidad real de dibujar el escenario político cotidiano. La toma no fue, por lo tanto, una anécdota juvenil. Fue un movimiento táctico en una disputa por la hegemonía.
El control, fue breve. A los pocos días, un grupo identificado con la ortodoxia peronista ingresó a la emisora para recuperarla. Lo encabezaba Vicente Hermida, suboficial retirado vinculado a los levantamientos de 1956. Esta vez hubo armas de fuego. Los testimonios hablan de militantes encañonados y expulsados a golpes. No hubo comunicados de apoyo ni consignas culturales. En medio del desalojo, Omar Dinelli recibió un golpe en el rostro con un revólver. La radio volvió a cambiar de manos en cuestión de horas en tanto la violencia que semanas después estallaría en Ezeiza ya estaba instalada a nivel local.

El control técnico quedó de manera transitoria en manos de Emilio Solari. La situación exigía una salida formal, por lo que la Secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia intervino la emisora y designó como director al locutor Rafael Ángel Zamudio.

El 20 de junio, mientras en Ezeiza la violencia marcaba un punto de no retorno para la violencia en nuestro país, la radio de Olavarría abandonó su nombre revolucionario y recuperó su histórica sigla. El episodio quedó registrado en crónicas dispersas y en la memoria, vigente al día de hoy de quienes participaron. Con el diario del lunes, la izquierda tomó la radio pacíficamente, y la derecha los saco a patadas. Eso se replico a nivel país, poco tiempo después…
Mirado a más de cincuenta años de distancia, lo ocurrido en LU 32 permite comprender cómo la disputa por el poder dentro del peronismo atravesó cada nivel del país, incluso ciudades alejadas de los grandes centros. La pelea no fue sólo por ganar espacios, lo fue por el control de la narrativa en un momento en que el país redefinía su rumbo.
Algo de eso se ve en la película «No habrá más penas ni olvido» de 1983, del director Héctor Olivera y basada en la novela de Osvaldo Soriano. En ella se hace una representación cruda de la descomposición política que precedió al golpe de 1976. A través de la disputa en el pueblo bonaerense de Colonia Vela, la obra funciona como una metáfora descarnada de la interna peronista, donde la burocracia local y la militancia se despedazan bajo la misma bandera, e incluso se aniquilan vivando a Perón.
Lo que comienza como un roce administrativo escala hacia una violencia irracional, simbolizando ese «canibalismo ideológico» entre la derecha y la izquierda del movimiento que, lejos de la ficción, tuvo su bautismo de sangre en la Masacre de Ezeiza, que sucedería pocos días después.
Aquella noche de junio mostró que la lucha política ya no se limitaba a los congresos partidarios ni a las urnas. Se daba en las fábricas, en las calles y también frente a un micrófono. Lo que estaba en juego era quién tenía derecho a hablar en nombre de todos. Medio siglo después, la pregunta conserva vigencia.
Nota realizada con indagación humana y redacción IA


