La proyección de la película Estepa en Olavarría se convirtió en una «ceremonia» de encuentro y reflexión, superando la simple exhibición cinematográfica. El evento, parte del ciclo de cine nacional, contó con la presencia física del profesor, director y actor local Gustavo Barbato, quien participa en el film, y la participación vía Meet del director, guionista y productor Mariano Benito. La coordinadora del ciclo, Verónica Eseberri, facilitó el diálogo con el público. El objetivo central del encuentro fue compartir sensaciones y movilizar la conversación sobre las problemáticas expuestas en la película, un propósito que el arte, en general, busca alcanzar. Barbato, oriundo de Olavarría, expresó la profunda emoción personal y el valor de los afectos al poder presentar la película en su ciudad natal.

Estepa, un thriller policial con elementos de drama y romance con elementos de western, se ambienta en la estepa patagónica de la provincia de Río Negro, mostrando una faceta «oculta» de Bariloche. Benito reveló que el guion, que pasó por nueve reescrituras, se inspiró en dos hechos reales que impactaron a la provincia: el asesinato del joven policía Lucas Muñoz, presuntamente a manos de sus propios compañeros de fuerza, y el caso de adolescentes internas de instituciones estatales (CAINAs) que eran prostituidas y víctimas de trata. Estos hechos, aunque ficcionados, resonaron fuertemente en la comunidad local, que se sintió interpelada por los temas de corrupción policial y trata.

La trama del film sigue a Francisco Revenga (Agustín Sullivan), un joven policía enviado a una guardia rural en medio de la estepa en el día de su cumpleaños. En el parador conocido como El Mustang —un almacén y prostíbulo— se graba accidentalmente en su celular un video comprometedor ligado a la trata de personas, obligándolo a enfrentar un dilema «trascendental». El film utiliza la geografía y el paisaje monocromático de la estepa, filmada en Bariloche, Licura y Tinawapi, para reforzar la sensación de soledad y asfixia del protagonista ante la inevitable corrupción que lo rodea.

En cuanto a la producción, Benito destacó que la filmación duró 21 jornadas en total y que, a pesar de los desafíos logísticos y el clima patagónico, se logró rodar todo el guion. Además, hizo hincapié en la búsqueda de actuaciones «muy parejas» para evitar desniveles, un objetivo que se logró en parte gracias a que muchos actores y actrices de reparto eran egresados de la carrera de arte dramático de la Universidad de Río Negro. Gustavo Barbato, por ejemplo, ha trabajado con Benito en múltiples proyectos, destacando la importancia de la familiaridad y confianza en el set.

Gustavo Barbato relató la complejidad de interpretar a su personaje, uno de los policías más crueles y siniestros de la trama. Para lograr la empatía necesaria como actor sin «transformarse en malo», Barbato recurrió a la idea de que el personaje se justifica a sí mismo a través de una «causa noble». Esta técnica de construcción la vinculó a la mentalidad de figuras históricas como Jorge Rafael Videla, quienes cometieron atrocidades bajo un supuesto bien mayor o justificativo, aunque en el fondo no hubiera ninguna causa noble.

Un concepto fundamental abordado en el debate fue el papel del arte y el cine nacional. Barbato enfatizó que el arte es «muy necesario» porque hace pensar, desarrolla la emoción y las ideas personales, lo cual resulta en una persona que «no puede ser manipulada». La intención de la educación artística (teatro, música, audiovisual) es que los jóvenes puedan comprender el mundo desde la «dimensión sensible del arte,» no solo desde la matemática, ayudando a resolver problemas. El cine nacional, en particular, tiene la función esencial de contar y visibilizar lo que le sucede al país.

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El encuentro no pudo evitar abordar la delicada situación del financiamiento del cine argentino. Barbato explicó el sistema INCAA como un «circuito virtuoso» donde la propia industria se retroalimentaba: se financiaba con una parte de las entradas de cine y los derechos del cable, y no con impuestos directos del tesoro. Lamentablemente, la interrupción de este circuito ha causado un daño significativo, llevando a una drástica caída en la producción anual de películas, de alrededor de 200 a un estimado de 15 a 25.

Mariano Benito complementó la discusión sobre la financiación explicando que el concepto de «subsidio» ha sido bastardeado. Subrayó que, en países del primer mundo como Francia, España o Estados Unidos (Georgia), los estados financian el cine mediante sistemas de devolución de inversión (cash-back o cash bay), porque la industria audiovisual genera un enorme «derrame» económico en hotelería, transporte y gastronomía. Este modelo internacional demuestra que financiar el cine es una inversión estatal inteligente y no un gasto.