La socióloga, historiadora y referente feminista Dora Barrancos concretó su conversatorio en Tandil bajo el título “Feminismos, orden jurídico y aplicación de la ley”, un encuentro organizado por la Asociación de Magistrados y Funcionarios de Tandil (Amafutan) en el Colegio de Escribanos. La exposición, destinada a magistrados, estudiantes y público interesado, se centró en la evolución del marco jurídico argentino y la necesidad de buscar estrategias para defender los avances en derechos de mujeres y disidencias ante la coyuntura actual. La experta abordó la historia del derecho, las conquistas feministas y la embestida que hoy amenaza las herramientas legales conseguidas.

Barrancos comenzó su análisis con una profunda perspectiva histórica, remontando la conformación del orden jurídico a la estructura patriarcal. Señaló que el patriarcado emergió en el Neolítico Superior y que la tradición jurídica románica infundió un sentido de expresión patriarcal que persiste hasta hoy. Detalló que en la República Romana, el pater familias ejercía la patria potestas, un poder extremo sobre sus hijas, a quienes se les consideraba «incapaces«. La historiadora sostuvo que esta larga suscripción al patriarcado se perpetúa en la formación de las profesiones jurídicas, las cuales se hacen con «ausencia de la historia de los conceptos jurídicos» y con una idea de metaestabilidad del derecho, cuando en realidad ha sido «tramado en obviamente circunstancias de poder«.

La disertación repasó los principales hitos legislativos logrados en Argentina desde la recuperación de la democracia, producto de la «lucha colectiva en las calles y en los debates legislativos«. Entre las conquistas más importantes, Barrancos destacó la patria potestad compartida, la Ley 26.485 (contra todas las formas de violencia contra la mujer, bajo el paraguas de la Convención de Belém do Pará), la ley de paridad representacional, la Ley Micaela, y la ley de interrupción voluntaria del embarazo (IVE), lograda en diciembre de 2020.

Pese a estos logros, la socióloga advirtió sobre la «encrucijada gravísima» que se vive a nivel planetario, pero con una «gravedad inusitada e inédita» en Argentina debido a la ofensiva gubernamental. Barrancos fue categórica al afirmar que «hoy no hay ninguna ley que no esté en riesgo: ninguna herramienta jurídica es dique para esta determinación gubernamental actual que ha demostrado ir por la lisa y llana eliminación de todos los derechos«. La experta enfatizó que «Vivimos ante la amenaza permanente de pérdida de más y más derechos«, llamando a la resistencia, aunque reconoció que «no se puede tener todo el día el cuerpo en la calle» y las estrategias deben ser «cada vez más creativas«.

En materia de políticas públicas, la Ley Micaela fue señalada como una herramienta fundamental, considerada «única América Latina y por lo que que sé pionera en el mundo« por su obligación de que el Estado actúe con perspectiva de género. Asimismo, se destacó que, en el ámbito judicial, se debe asegurar un «trato digno y respetuoso, no revictimizante«, una obligación refrendada en el Acuerdo de Solución Amistosa ante el Comité de la CEDAW en el caso Olga Díaz. Este acuerdo también exige la aplicación de lenguaje «género sensitivo» y la prohibición de audiencias conjuntas o procesos de conciliación entre denunciantes y denunciados.

Respecto a la violencia, la historiadora puntualizó la ausencia de mención a la violencia en las primeras construcciones feministas. Analizó cómo el derecho penal argentino utilizó figuras como la emoción violenta para eximir o atenuar la penalización de crímenes que hoy se catalogarían como femicidio, haciendo sentido decir que «el honor es una fragua impresionante de la arquitectura del derecho». Finalmente, resaltó la importancia de la modificación del Artículo 80 del Código Penal, que introduce la penalización agravada por causa de género, incluyendo el «odio de orientación sexual, por odio étnico, por odio«.

Como conclusión, Barrancos, quien se declaró una «optimista irredenta», instó a la magistratura a no dejarse llevar por la idea de que la «espuma» de la perspectiva de género ha bajado. Abogó por una reforma total del Poder Judicial y por modificar la formación de los profesionales del derecho, llenándola de historicidad. La socióloga concluyó que, pese a las adversidades y la «desnutrición erudita básica de las extremas derechas«, es imperativo apostar a la «condición humana» y a la persistencia de las resistencias populares que, a su juicio, no implican una pérdida en la connotación de la lucha feminista.


